Dos puntas del tenis profesional: una misma actitud

El Blog de Puppo
Por Eduardo Puppo
 
Buenos Aires, 8 de febrero, 2016.- Ayer, una hora antes del diluvio y cuando el público de la qualy se disponía a recargar energías para ir -muchos- con sus hijos al Kids Day, vivimos desde lo periodístico dos situaciones que pintan una faceta poco conocida del tenis profesional actual. Quizá es mejor catalogarla como una "cara superadora", según desde dónde se la mire.
 
 
Por un lado, el francés Jo-Wilfried Tsonga, una de las estrellas del Argentina Open, a quien todavía no le toca debutar. Como se explica en otra nota de este sitio, durante el "Media Day" donde habló para la prensa local, expresó: "Mi expectativa es ganar mi primer torneo ATP sobre polvo de ladrillo", frase que sorprendió a más de uno -me incluyo- que no teníamos fresco en mente su récord de títulos. A continuación, sin dejar de sonreir, "tiró" conceptos con buen contenido que seguramente fueron bien aprovechados por los medios. De la carpa de prensa principal pasó a la más pequeña, la destinada para notas individuales, y nunca dejó de mostrar sus dientes (su sonrisa, claro).
 
 
Tsonga dio una imagen desacartonada del tenista de elite. Él pertenece a esa alcurnia y nadie lo puede negar. No es que uno piense o considere que los que llegan a esas alturas deben faltarnos el respeto, responder de mala gana o mirarnos desde la cima de la escalera. Solo desenmascara perfiles que, a veces, pueden parecer poco comunes. El Nº 9 del mundo -que fue 5º- reveló madurez y calidad humana.
 
Por el otro sector, el colombiano Santiago Giraldo, quien se dio una vuelta por el escenario en el patio gastronómico para la entrevista del día. En este caso, frente a unas trescientas personas que no se movieron hasta finalizar el ida y vuelta. Por mi condición de periodista dedicado al tenis, es obvio que conocía al personaje. De todas maneras, no lo había tratado en profundidad más allá de una nota para la Federación Internacional de Tenis, exclusiva con tenistas hispanoparlantes, previo a una Copa Davis.
 
Santiago es un hombre que impone respeto y atención. Educado, con excelente dicción y conocimientos. De entrada, saludó a todos: "Gracias por venir a esta entrevista", les dijo, con tono firme. A partir de allí, y luego de nombrar la lista de vencidos en su carrera -fue 28º del ranking ATP-, la gente lo adoptó y se conformó un diálogo para escuchar con atención. Así fue. Nadie se movió de su lugar a los pies del decorado. Contestó con argumentos sólidos, sin titubeos y dejando mensajes. Hasta habló sin falsa modestia de su fundación o del court que lleva su nombre en Pereira, la ciudad que lo vio nacer.
 
Casi en simultáneo, a Tsonga y Giraldo los unió la humildad, esa virtud tan maltratada que permite conocer nuestras limitaciones y comportarnos reconociéndolas. Ambos me infundieron lo mismo y lo registré en el talante de los interlocutores: aficionados y periodistas se quedaron impresionados y satisfechos. Dos puntas -no tan lejanas- del tenis profesional y una misma actitud.