A la altura de las circunstancias | Argentina Open ATP

A la altura de las circunstancias

Diego Schwartzman y su camino al profesionalismo, donde debe convivir con su baja estatura.

Buenos Aires, 24 de febrero, 2015.- “La altura, la fuerza, no son siempre una ventaja. En el alto nivel, esos factores se neutralizan”, le dice el checo Tomas Berdych al diario español, El País. Si Diego Schwartzman leyera la frase del número ocho de la ATP, sin dudas daría fe. Es que el argentino, actual 64° del ranking, con sus 170 centímetros, puede asegurar que definitivamente está inserto en el planeta ATP. Haciendo culto al trabajo y al perfil bajo, el argentino de 22 años traza su propio camino en tierra de gigantes. Salteando obstáculos del pasado, como el poco apoyo durante su carrera como júnior; y escollos de siempre, como su pequeña contextura física, Schwartzman disfruta de un presente sensacional, algo que intentará plasmar en su tierra, durante el Argentina Open en el que debutará este martes frente a su compatriota Carlos Berlocq.

Como integrante de la promisoria camada argentina de los nacidos en 1992, Schwartzman tomó un camino diferente al de otros. Agustín Velotti, campeón de Roland Garros Junior en 2010, Andrea Collarini, finalista durante esa misma edición del Grand Slam francés, y el cordobés Facundo Argüello eran los contemporáneos al Peque, y aquellos que recibían el apoyo de la Asociación Argentina de Tenis (AAT). En contraste con la destacada carrera junior de sus compatriotas, Schwartzman  apenas alcanzó el puesto 217° ITF y solo disputó la clasificación del US Open Jr. Ante la imposibilidad económica de hacer las giras europeas que incluyen las participaciones en los Grand Slam para tenistas menores de 18 años, el porteño decidió, sin otra opción, apostar a los Futures, el primer escalón del profesionalismo.

En este nivel, los fogueos iniciales siempre son duros. Sin embargo, con el tiempo, Diego terminó afirmándose en este tipo de torneos, hasta llegar a ganarlos con comodidad. De esa forma, emparejó la ventaja que habían sacado sus colegas de generación durante su etapa de junior. Con el tiempo, Schwartzman fue el que primero se estableció en los Challenger y el pionero dentro de la categoría 92 en ingresar al lote de los cien mejores jugadores del mundo. “La verdad que no sé si siempre fui el que picó en punta. Todos los jugadores de la 92 siempre fuimos muy parejos, quizás en los últimos meses tuve la suerte de poder ser muy regular a nivel Challenger y eso hizo que despegara de estar 120 del mundo a ser Top 100. Los chicos están muy cerca de poder hacerlo. A todos les va a llegar porque tienen un gran nivel y entrenan muy duro”, le cuenta Schwartzman a argentinaopenatp.com.

Como mencionaba el checo Tomas Berdych en el comienzo de la nota, la altura y la fuerza son atributos que en el alto nivel logran equipararse. No obstante, estar lejos de la altura promedio del tenista (la media del Top 10 es de 1,86 centímetros) es una complicación. Para Schwartzman, rodearse de gente positiva fue fundamental, algo que no lo dejó llevarse por el tribunero dicho “juega bien, pero es muy chiquito”. “Siempre decían que me iba a costar mucho más. Por suerte, en mi corta carrera, me crucé con gente muy honesta que hablaba bien de mi juego. Eso me ayudó”.  A pesar del optimismo ante la situación, las complicaciones en su tenis existen, aunque también hay ventajas que el Peque supo aprovechar: “La altura afecta más que nada en el saque, después me ayudó a ser rápido y sacar otras cosas de mi juego”.

Un aspecto que siempre lo distinguió a Schwartzman fue su fortaleza mental, su voracidad por la competencia y su temple dentro de la cancha. “Sé que en lo mental soy muy fuerte, desde chico que trato de hacerlo. Siempre supe que es una clave en el tenis. Como todos tuve momentos complicados mentalmente, pero por suerte en el último tiempo estuve muy tranquilo y relajado. La intención es jugar para salir de la cancha habiendo hecho todo lo posible para ganar”, cuenta el tenista formado en el club Hacoaj, que durante la temporada pasada ganó cinco torneos Challenger.

A partir de las 48 victorias que cosechó a nivel Challenger en 2014, donde fue el mayor ganador del año en esa categoría, otras puertas se abrieron en el camino de Schwartzman. El crecimiento en su ranking, que tuvo su pico en el 58° puesto de la ATP, le proporcionó ingresar directamente -sin jugar la clasificación- a las giras por Oceanía, Sudamérica y los Masters 1000 de Estados Unidos. Estos nuevos eventos en el calendario del tenista argentino le garantizan medirse en el alto nivel, competir por mayor cantidad de puntos y un ingreso económico diferente a lo previamente experimentado. “La mayor diferencia está en lo económico y en la cantidad de puntos. Después, como en todas las etapas del profesionalismo, el nivel va subiendo y es más duro ganar partidos, pero es un lindo desafío”.

Pensando en la 15° edición del Argentina Open, que se disputa en las canchas del Buenos Aires Lawn Tennis, Schwartzman luce transformado con respecto a sus actuaciones previas. “Llego mucho mejor a nivel juego y mental. Creo que vengó creciendo en muchos aspectos y voy con muchas ganas de poder ganar partidos y llegar lejos. Jugar de local, con tu gente, es lo más lindo que hay. Ojalá pueda llegar al fin de semana”.

Retomando la robustez mental, algo que distingue a los tenistas latinoamericanos es la fortaleza emocional durante las largas giras en Europa. Las siempre presentes dificultades económicas hacen que las estadías en el “Viejo Continente” sean muy extensas, para no sufrir más de una vez los gastos que conllevan los traslados de un continente a otro. “En 2013, durante una gira que hice por Polonia y Eslovenia, tuve que viajar sólo unos días, hasta que llegó mi preparador físico. Me costó mucho el idioma, el hotel, las comidas, todo. Además, no sabía si finalmente mi preparador físico viajaba para acompañarme. Ya era fin de año y todo eso afecta en la cabeza porque te vas agotando. Por suerte me quedé e hice semifinales y final en dos torneos grandes”, recuerda el argentino que desde hace tres años es entrenado por Sebastián Prieto, campeón en tres oportunidades del torneo de dobles del Argentina Open.

La principal razón por lo cual la cabeza de Schwartzman está descansada para su perfecto funcionamiento son las distracciones fuera de la cancha. La clave radica en intentar sostener los hábitos que realizaba antes del profesionalismo. “Trato de mantener los pasatiempos que hice siempre con mis amigos. Es lo que me ayuda a estar relajado y no pensar en el tenis todo el día. Me cuido bastante pero sé que las salidas con amigos y familia son regalitos que uno le hace a la cabeza o al alma. Después, todo eso hace que estés con ganas de darle duro en la cancha. Creo que es fundamental tener una vida muy fluida afuera de la cancha porque después se nota adentro”.  La calidad de los torneos, el ranking y el dinero en el bolsillo cambian. Sin embargo, el joven tenista dice mantenerse auténtico: “La gente que me rodea sabe que siempre soy igual, y que hago las mismas cosas que hacía cuando estaba fuera del Top 100”.

SU EXPERIENCIA CON LOS GRANDES
Sin lugar a dudas hay tres partidos que jamás serán borrados en la memoria de Diego Schwartzman. Rafael Nadal en Acapulco, Roger Federer en Roland Garros y Novak Djokovic en el US Open, son tres matches que quedarán para siempre en la retina del joven tenista. A pesar de las previsibles derrotas, el recuerdo es positivo. “Cuando jugué contra ellos traté de dejar el respeto fuera de la cancha. Aprendí mucho al poder enfrentarlos y ver realmente, en persona, cara a cara, lo bien que juegan. Es muy distinto verlos por televisión que sentirlo adentro de la cancha”.

Por Julián Polo