Las "noches" del Argentina Open

El ace de Puppo

Por Eduardo Puppo

Buenos Aires, 16 de febrero, 2017.- Si la atracción de un torneo de tenis gravita en sus anales y las figuras que lo mantienen vivo, cada componente es escencial para que el “todo” desemboque en un cuadro uniforme, de líneas armoniosas e innovadoras. Con el correr de los años y tantas ediciones con picos de épicas presentaciones tenísticas, el Argentina Open se ganó un merecido lugar entre las citas deportivas más convocantes del país.

El período estival nunca acobardó a ningún aficionado: aun con viento, lluvia, calor extremo o la condición que el cambio climático global proponga –con sus más y sus menos– el fana de tenis se acerca al Buenos Aires Lawn Tennis Club porque sabe que el nivel está garantizado. Es indudable que el inicio de la decimoséptima edición truncó los planes ordinarios –lluvia mediante–, pero el espíritu no se abandonó: siempre se aguarda que el “rain delay” se borre de las pantallas y el Supervisor de la ATP de el vía libre para continuar.

Aquel “enamoramiento” del público con el certamen –que nació con un tímido galanteo en 1997, con la serie de challengers– se hizo fuerte a partir de 2001 ya con el Argentina Open a pleno. Pasaron tiempos de crisis económica en el país pero el torneo siguió su paso para lograr días de gloria: que en los nueve días de acción el promedio de asistentes sobrepase holgadamente la barrera de los 53.000 no es un hecho desdeñable. Es un indicador irrebatible.

Dentro de la programación, la “noche” suele ser diferente al “día”. Ni mejor ni peor –según quién juegue, claro–, sino distinta. Son muchos los partidos que se disputaron a cancha llena y sería odioso elegir uno como el mejor –también subjetivo– y tal vez, con la prudencia del caso, es interesante recordar algunos que alcanzaron un nivel superlativo desde lo técnico o lo emotivo. Va una serie imperecedera:

-No pocos pondrán al Gaudio-Nadal de 2005, cuando el español llegaba con cierta modestia antes de comenzar a arrasar en el circuito: esa tarde-noche comenzó muy mal para el argentino (perdió 6-0 el primer set) y terminó a toda orquesta (ganó los otros dos por 6-0 y 6-1).

-La segunda ronda de 2002, con la victoria de Mariano Zabaleta contra el chileno Marcelo Ríos por 7-6 (4), 1-6 y 6-3.

-David Nalbandian al italiano Potito Starace por 4-6, 7-6 (5) y 6-4, en 2008, con la interacción de Diego Maradona en las tribunas.

-El español Rubén Ramírez Hidalgo a Gaudio por 6-1 y 6-1 en el cuestionado sistema de round-robin de 2007.

-La final 2010, con la victoria del español Juan Carlos Ferrero sobre su compatriota David Ferrer –en medio de un viento arremolinado mezclado con llovizna– por 5-7, 6-4 y 6-3.

-La segunda ronda de 2003, en la que el brasileño Flavio Saretta tuvo match point a su encumbrado compatriota Gustavo Kuerten, quien terminó ganando por 6-4, 6-7 (5) y 7-5.

-Nalbandian al español Daniel Gimeno Traver en una cerradísima segunda rueda de 2010, por 6-7 (5), 6-4 y 7-6 (7)…

Ya vendrán los partidos emblemáticos “diurnos”. Episodios que renacerán fisgoneando la memoria y convalidarán lo hermoso de este deporte como célebres páginas que configuran una historia apasionante.