Nicolás Almagro, enamorado | Argentina Open ATP

Nicolás Almagro, enamorado

El murciano comparte "la mejor desición de mi vida".

Por Julián Polo

Buenos Aires, 5 de enero de 2016.- La callosa mano izquierda de Nicolás Almagro tiene una diferencia con respecto hace un mes atrás. Mientras el calor refracta en la cancha de cemento del Club Liceo Naval, convirtiéndola en un gran y celeste horno, el español de 30 años realiza la pretemporada en Buenos Aires con una alianza en su dedo anular izquierdo. Almagro, ex 9° del ranking ATP y campeón del Argentina Open en 2011, se casó hace un mes, pero su perspectiva ya había cambiado por completo. “Probablemente, haberme casado con mi mujer, haya sido la mejor decisión de mi vida”, desliza un enamorado Nicolás Almagro, que, en compañía, busca recuperar el terreno perdido a causa de las lesiones.

Fuera de la cancha, las anécdotas del romanticón Nicolás Almagro abundan y realmente sorprenden. Estos melosos relatos ALMAGRO ARGENTINA OPEN–que incluyen desayunos en la cama, una inolvidable propuesta de casamiento y constantes muestras de cariño- no condicen con las “calenturas” que ha tenido el murciano dentro de la cancha de tenis. “Vosotros conocéis al personaje, no a la persona. No es el verdadero. Cuando salgo a una pista de tenis me meto en un mundo en el cual están en juego muchísimas cosas: ganar el partido, dinero, puntos y estar cada vez mejor clasificado en el ranking. Eso no es lo real. Al final, lo real es que mi gente, los que en verdad son cercanos, (amigos, familia, su mujer) sean felices y me vean feliz”, le cuenta Almagro, actual 73° del mundo, a argentinaopenatp.com. Mientras que, “sin pelos en la lengua”, como él mismo se define, continúa: “A pesar de que en una cancha de tenis me pueda cabrear y romper una raqueta, ahí se queda. Lo que haga dentro de una pista no es como yo me defino como persona. El que me quiera juzgar por eso, adelante. No lo critico. Tampoco voy a decir que está bien lo que hago, porque está mal, pero es la manera que tengo de defenderme y de poder sacar lo mejor de mí. No es lo correcto, vale, pero el Nico persona, el Nico humano, es el que se ve fuera del court, el que se ve cinco minutos después de que haya acabado el partido”.

Volviendo a la alianza, al smoking, al vestido blanco y a la boda, hace aproximadamente un mes, Almagro se casó con Rafi Lardín en el Convento Los Jerónimos, en Murcia, ciudad de donde ambos son oriundos. Luna de miel no tuvieron, a los pocos días fueron a Buenos Aires a realizar la pretemporada.

Rafi y Nico son de la misma ciudad, de Murcia, practicaban tenis en el mismo club y también vivían a tan solo cinco minutos de distancia. Sin embargo, jamás habían entablado una relación. Nada había ocurrido hasta el ATP de Barcelona del año 2013. Todo empezó en el torneo de Conde de Godó, donde unos amigos en común los presentaron. “Es una persona totalmente diferente a lo que me he podido cruzar, me ha hecho ver la vida de una manera completamente distinta a lo que estaba acostumbrado. Una persona que siempre me ha sacado una sonrisa. Una persona que en ningún momento difícil me ha dejado solo. Una persona con la cual voy a recorrer un camino increíble, precioso, y de la cual no me quiero separar nunca”.

En las palabras del dueño de una docena de títulos ATP, el agradecimiento a su mujer es recurrente. Durante los dos años y medio de noviazgo, ella fue un pilar fundamental para que Almagro atravesara los momentos más difíciles de su carrera. Por ejemplo, en la temporada 2013, el europeo no encontraba la motivación necesaria para competir, por eso decidió tomarse un descanso. “Nos fuimos a Ibiza con unos amigos, estuve saliendo por la noche, comiendo en exceso, pero en ningún momento me puse borracho ni consumí nada raro”, aclara con sinceridad el actual pupilo del coach argentino Mariano Monachesi, quien comenzó el año en el torneo de Chennai.

ALMAGRO ARGENTINA OPEN

Justamente esos excesos que no son propios de un deportista de elite, le hicieron meditar su actualidad, ver por qué debía levantarse cada día a las ocho de la mañana. Las prioridades emergieron nuevamente y Rafi lo ayudó significativamente. “Ella llegó muy pronto a ese momento y me volvió a abrir los ojos diciéndome ‘oye, vamos a aprovechar, a sacar los mejor de ti en el tiempo que te quede. Cuando te retires vas a tener años en tu vida para hacer esto que, realmente, es lo que te has ganado y probablemente lo que te haga feliz’. Si desde el principio de la relación, la persona con la que estás te transmite esto, te hace dar cuenta que es una alguien especial”.

El 2014 tampoco sería para nada sencillo. Luego de disputar tan solo cinco games en la primera ronda de Roland Garros, Almagro se retiró y dijo basta. Una fascitis plantar en su pie izquierdo lo obligó a pasar por el quirófano. La recuperación le demandó casi ocho meses hasta volver a las canchas. “Aquel año para mí fue un camino de espinas, ella hizo que las espinas se convirtieran en rosas. Todo lo que parecía que iba a ser imposible de superar, fueron pasando los días, me fui encontrando mejor y qué mejor compañía que poder compartir la vida con una persona que te hace todo tan fácil”, contaba un poético Almagro en la última edición del Argentina Open, donde cayó en semifinales frente al argentino Juan Mónaco.

Haciendo una especie de flashback en el ATP de Buenos Aires, once temporadas atrás, con tan solo 20 años, Almagro alcanzaba los cuartos de final del Argentina Open. Era su primera participación de las diez que acumula, hasta el momento, en el certamen porteño. El ibérico recuerda aquellos primeros pasos donde todo era desconocido. “Era una persona totalmente diferente. Antes empezaba y ahora tengo una carrera hecha. Son experiencias que he ido viviendo, que antes no tenía y ahora convivo con la tranquilidad de saber que cualquier hándicap que se interponga en el camino voy a saber cómo solventarlo. Antes vivía con la adrenalina de no saber qué me iba a deparar”.

Hoy, con la maduración de casi catorce años de experiencia en el circuito, la motivación es sencilla: “Intentar demostrarme a mí mismo que puedo volver a estar con los mejores y es por lo que voy a luchar. He conseguido prácticamente todo lo que me he propuesto como tenista, es cierto que me quedan cosas por obtener”.

En aquellos años, ¿Almagro se imaginaba casado? “Para nada. Si algo le he tenido miedo en la vida es a la soledad, a encontrarme solo después de mi carrera deportiva. Tenía la esperanza de que iba a encontrar a alguien, pero lo que me ha sorprendido y la pregunta que me hago es ¿por qué me ha tocado a mí compartir la vida con la persona más maravillosa que puede existir?“. Enamorado, hasta el final.